WishPride
Avatar de @wishpride
wishpride
@wishpride28 jun

Deseo femenino, deseo masculino: ¿y si dejáramos de buscar el manual?

Te hago una versión **más corta, más divertida, más parecida a las slides**, pero sin copiar las slides palabra por palabra.

# Deseo femenino, deseo masculino: ¿y si dejáramos de buscar el manual?

Nos encanta fingir que el deseo femenino y el deseo masculino son dos equipos rivales. Por un lado, los hombres: rápidos, visuales, siempre listos. Por el otro, las mujeres: misteriosas, sensibles al ambiente, a la confianza, a la luz, a la manta, a la playlist y probablemente a la posición de Venus.

Es práctico. Es gracioso. Pero sobre todo, es un poco falso.

Sí, existen tendencias. Algunas personas tienen un deseo que aparece rápido, sin avisar, como una notificación: “quiero, ahora mismo”. Otras tienen un deseo que despierta más despacio, cuando el cuerpo se relaja, cuando hay confianza, cuando la otra persona no mete presión, cuando el ambiente se vuelve bueno. Y ese deseo no es menos real. Solo hace menos ruido.

El problema es que tendemos a creer que el “verdadero” deseo debe ser espontáneo. Si no llega solo con confeti, pensamos que no existe. Y a veces solo necesita un contexto. No un decorado de película con 48 velas y un saxofón de fondo, sino un mínimo de suavidad, juego, atención y seguridad. En resumen, algo distinto de un “¿entonces, vamos?” soltado con la delicadeza de un aviso de Hacienda.

El deseo no es un único botón. Más bien es un panel con muchos indicadores pequeños: estrés, cansancio, sueño, imagen personal, carga mental, confianza, calidad de la relación, estado de ánimo del momento. Incluso la química no soporta los días demasiado cargados. Se puede tener muchísimas ganas de alguien… y no tener ninguna de hacerlo esa noche. Se puede amar profundamente a la pareja… y necesitar descanso antes que piel.

Y eso vale para todo el mundo.

A menudo se caricaturiza a las mujeres diciendo que su deseo es complicado. Pero quizá lo que pasa es que está más vigilado. Muchas aprendieron muy pronto que había que ser deseables, pero no demasiado deseantes. Sexys, pero no “demasiado”. Libres, pero no “fáciles”. Eso deja huella, claro. Cuando has pasado años cuidando la imagen que proyectas, no siempre es fácil decir con claridad qué quieres, qué te gusta, qué te atreves a imaginar.

Pero los hombres también pagan el precio de los estereotipos. Les repiten que deben tener ganas siempre, estar siempre listos, saber siempre qué hacer. Resultado: cuando dudan, cuando están cansados, cuando necesitan ternura o no les apetece, pueden sentirse anormales. Como si su deseo tuviera que estar abierto 24/7, con servicio incluido y sonrisa incluida.

Spoiler: no.

Así que la verdadera cuestión no es si “los hombres son así” y “las mujeres son asá”. La verdadera cuestión es entender el propio manual. ¿Qué me enciende? ¿Qué me bloquea? ¿Necesito palabras, mirada, contacto, risa, lentitud, novedad, sentirme elegid·a? ¿Necesito que me dejen acercarme en vez de empujarme?

En una pareja, una diferencia de deseo no es necesariamente un problema. Se convierte en problema cuando la interpretamos mal. Un “ahora no” se convierte en “ya no me deseas”. Un “tengo ganas” se convierte en “me estás presionando”. Un silencio se convierte en una miniserie dramática de ocho episodios.

Cuando a veces bastaría con hablar. No hace falta un gran discurso solemne. Solo frases simples: “me gusta cuando…”, “necesito…”, “ahora estoy demasiado cansad·o/a”, “esto me da ganas”, “me bloquea”, “¿podemos ir más despacio?”

Menos clichés, más conversaciones. Quizá esa sea la verdadera clave.

Porque, en el fondo, el deseo femenino y el deseo masculino no son dos mundos opuestos. Son formas distintas, a veces parecidas, a veces sorprendentes, de tener ganas. Y en lugar de buscar quién funciona “normalmente”, todos ganaríamos preguntando con curiosidad, humor y suavidad: “¿Y tú, cómo le gusta a tu deseo que lo inviten?”

#deseo #libido

Cargando...