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Ingrid, embajadora de Wishpride 🌹 Mi carta de la noche ✍️ Unos días después de

Ingrid, embajadora de Wishpride 🌹 Mi carta de la noche ✍️ Unos días después de aquella velada de confidencias en el sofá, decidimos regalarnos un fin de semana solo para nosotros en La Grande Motte. Playa privada, sol abrasador, el suave rumor de las olas y esa deliciosa sensación de estar lejos de todo. Estábamos instalados bajo una sombrilla blanca, mi cuerpo aceitado brillando, mi hombre a mi lado, que no dejaba de acariciarme discretamente el muslo. Fue ella quien se ocupó de nosotros durante todo el día. Una joven camarera de unos treinta años, piel dorada, sonrisa franca, pelo negro recogido en una coleta alta. Se llamaba Léa. Cada vez que nos traía nuestros cócteles, su mirada se quedaba un poco más en mí. Al principio discreta, luego cada vez más evidente. Hacia las 17, mientras dejaba dos vasos nuevos sobre la pequeña mesa de teca, se inclinó un poco más hacia mí. Su perfume, una mezcla de monoi y piel caliente, me envolvió. «De verdad estás preciosa», susurró sin bajar la vista. «Me cuesta concentrarme desde hace un rato…» Mi compañero levantó una ceja, divertido, pero no dijo nada. Solo me apretó la mano un poco más fuerte. Léa siguió, más audaz: «Si os quedáis esta noche… termino mi turno a las 21. Me encantaría invitaros a una última copa. Los dos, o… solo tú, si prefieres.» Deslizó un pequeño papel doblado bajo mi vaso. Su número y una carita discreta. Luego se alejó balanceando ligeramente las caderas, consciente de que la estábamos mirando los dos. El silencio que siguió estaba cargado. Mi corazón latía con fuerza. Me volví hacia mi hombre. Sonreía, con esa sonrisa un poco depredadora que tanto me gusta. «No se ha escondido, ¿eh? —dijo en voz baja—. Y además delante de mí…» Reí nerviosamente. Hablamos largo rato, tumbados en nuestras tumbonas. De aquella propuesta inesperada. De la excitación que sentía. Del punto de celos que él admitía sentir también, pero que ya estaba transformando en deseo. Nos preguntamos si era la señal que estábamos esperando. Una mujer. Sola. Audaz. Que se había atrevido delante de él. Esa noche no respondimos enseguida. Cenamos frente al mar, de la mano, imaginando escenarios. Yo entre ella y él. Sus dos bocas sobre mi piel. Sus manos más suaves que las suyas, sus besos distintos. Él mirando, participando, protegiéndome de las miradas al mismo tiempo que me ofrecía. Hacia las 22, acabé enviando un mensaje a Léa: «Seguimos en la playa. Ven a tomar esa copa… los tres. Sin presión. Solo para ver.» Respondió casi de inmediato, con un simple ❤️. Todavía no sabemos cómo se desarrollará la velada. Tal vez no ocurra nada más que una copa y miradas ardientes. Tal vez vayamos más lejos. Lo que está claro es que esta propuesta inesperada, hecha a la vista de todos delante de mi hombre, hizo subir un nivel nuestra excitación y nuestra complicidad. Es exactamente lo que necesitábamos: una puerta que se abre de forma natural, sin forzar, en un entorno precioso. Te contaré el resto… si quieres. Con deseo y cariño, Ingrid (el corazón sigue latiendo con fuerza) Tu embajadora Wishpride

Foto de una mujer con un ligero conjunto de lencería de encaje blanco, sentada en una cama en el interior, sosteniendo un smartphone, con tonos cálidos en la pared y una decoración de macramé encima.

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