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@wishpride9 jul

¿Más feminismo? Sí. Otra vez.

«¿Más feminismo?»

Sí. Otra vez.

Mientras haya mujeres que tengan miedo de volver solas a casa. Mientras haya niños que tengan miedo de hablar. Mientras las víctimas tengan que ser perfectas para que se les crea. Mientras el silencio resulte más cómodo que la verdad. Mientras ciertos reflejos protejan a los agresores más rápido de lo que protegen a las víctimas.

Sí, necesitamos feminismo.

No como moda. No como pose. No como una palabra que se pone en una bio para parecer del lado correcto. Como una necesidad. Una de verdad. La que permite decir: una sociedad no puede llamarse libre si una parte de sus miembros aprende muy pronto a desconfiar, a callar, a minimizar, a tragárselo.

El feminismo no es un ataque contra los hombres. Es una respuesta a la violencia. A la impunidad. Al miedo. A esa terrible costumbre de preguntarle a las víctimas si están seguras, en lugar de preguntar a los adultos por qué no protegieron.

Deconstruir no es odiar. Es mirar de frente nuestras frases automáticas. “Exagera.” “¿Por qué ahora?” “¿Estás segura?” “Él no haría eso.” “No todos los hombres.” Es entender que algunas frases, incluso dichas sin mala intención, pueden servir de muro. Un muro entre una víctima y la escucha. Entre un niño y la protección. Entre una mujer y su seguridad.

Así que sí, hay que creer a las víctimas. No ciegamente. Humanamente. Con seriedad. Con escucha. Con la conciencia de que hablar suele costar mucho más que callar.

Hay que educar a los chicos. No enseñarles a avergonzarse de ser chicos. Enseñarles a no confundir deseo y derecho. Fuerza y dominio. Silencio y consentimiento. Enseñarles que una masculinidad digna no necesita minimizar el dolor ajeno para existir.

Hay que hacer responsables a los adultos. Porque proteger a los niños, proteger a las mujeres, proteger a las personas vulnerables no es una opción moral que se activa cuando el tema se vuelve mediático. Es una responsabilidad diaria.

Hay que cambiar las leyes. Pero también las miradas. Porque una ley puede condenar, pero una cultura todavía puede hacer callar. Una ley puede reconocer una violencia, pero una familia, un grupo, una institución, el entorno, aún pueden ahogarla.

Y ahí es donde la lucha se vuelve colectiva.

No basta con decir “estoy contra las violencias”. En teoría, todo el mundo está contra las violencias. La verdadera pregunta es: ¿qué hacemos cuando una persona habla? ¿Escuchamos? ¿Protegemos? ¿Dudamos por reflejo? ¿Intentamos comprender o preservar nuestro confort?

Una sociedad no se juzga solo por sus grandes discursos. Se juzga en esos momentos minúsculos en que alguien se atreve a decir: “tengo miedo”, “me pasó”, “no me creyeron”, “necesito ayuda”.

Se juzga por la manera en que responde.

Hoy queremos poner en luz a @Floe, que llevó esa voz a la calle. Porque algunas voces importan. Porque recuerdan que esta lucha no es abstracta. Toca los cuerpos, las familias, lo íntimo, la infancia, la seguridad, la libertad.

Y porque no hay deseo libre sin seguridad. No hay intimidad libre sin respeto. No hay palabra libre si las víctimas todavía tienen que elegir entre hablar y ser destruidas por segunda vez.

Así que sí: más feminismo.

Más escucha.

Más protección.

Más rabia justa.

Más ternura para quienes sobrevivieron.

Más responsabilidad para quienes debieron proteger.

La pregunta no es “¿por qué otra vez?”

La pregunta es: ¿qué esperamos para que por fin sea evidente?

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